Y si algún día llegaras a perderla
recuerda lo que de la felicidad he dicho
pues hay tantas formas de obtenerla que
sólo aquél que lo quiere es triste
y siendo triste es poeta
y siendo poeta no la conoce jamás.

¡BIENVENIDOS SEAN!

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miércoles 2 de febrero de 2011

Nocturno en el baño

Pues bien, yo necesito
decirte que te odio,
decirte que te odio
con todo el corazón;
que es mucho lo que sufro,
que es mucho lo que lloro
que tanto taco en calle
me deja sin decoro
te imploro "sal ya, pronto"
desde este, mi inodoro,
porque quiero que salgas
con todo el corazón...

De noche cuando pongo
la asentadera en cama
y hacia otro mundo quiero
mi espíritu volver,
me muevo mucho, mucho
y al fin, medio cansado
las formas de los sueños
se pierden en la nada,
y el retortijón vuelve
en mi a aparecer.

Comprendo que el descanso
ahora no será mío;
comprendo que al bañito
yo deberé volver;
y te odio y en mis locos
y dolientes desvaríos,
maldigo el ardorcito,
y el aire de tus sienes,
y en vez de odiarte menos
te odio mucho más.

Quisiera poder darte
la eterna despedida,
borrarte en mis recuerdos
y huir de la obsesión;
mas es en vano todo
y la panza no olvida,
¡que quieres que yo haga
con esta panza mía;
la orden completita
la comí de sentón!

Y luego que ya estaba
concluida la cena,
la lámpara encendida,
la salsa en albañar,
el sol de la mañana
detras del ventanario,
chispeando la velita,
sahumando el inodoro,
y hasta abierta a lo lejos
la puerta de mi hogar...


Yo quiero que tu sepas
que ya hace muchos días
estoy enfermo y pálido
de tanto no dormir;
que ya se han muerto todas
las esperanzas mías;
que estan mis noches negras,
tan negras y sombrías
que ya ni el buen Pepto
me cuida el porvenir.

¡Que hermoso hubiera sido
vivir sin que me duela;
viviendo sanamente
y sin tacos ya más;
tu siempre alejada,
yo siempre bien comido,
los dos, sin nada junto,
sin nada en común,
y en medio de nosotros
mi Pepto como un Dios!

¡Figúrate qué hermosas
las horas de la vida!
¡Que dulce y bello viaje
por una vida así!
Y yo soñaba en eso,
mi vida prometida,
y al delirar en eso
con alma estremecida,
pensaba comer sano
por ti, no más por tí.

Bien sabe Dios que ére era
mi más hermoso sueño,
mi afán y mi esperanza,
mi dicha y mi placer;
¡bien sabe Dios que en nada
cifraba yo mi empeño,
sino en odiarte mucho
en mi inodoro y sueño
que me envolvió en aromas
horribles de entender!

Esa era mi esperanza
que desaparecieras
mas por tus inches huevos
tu no te querias ir,
pero que me revelo
y compro hasta un Sal de Uvas
y ya te acribillamos
hasta que huiste al fin, pero
¡que pinche olor de mierda
dejaste, perra ruin!

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